Hoy mis hombros quisieron jubilarse, mi espalda tenía de rehén a una molicha y mis ojos andaban cantando canciones de cuna.
Hoy mis pantorrillas rezaban para darse besos con mi cama, mi joroba no dejo de jorobar y mis tripas sonaban como las puertas viejas.
... Si, ya sé. Parezco de 50 años.